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Sermones deL TIEMPO DURANTE EL AÑO

Pbro. Gustavo E. PODESTÁ


Adviento

1971. Ciclo C

21º Domingo durante el año
22-08-71

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 13, 22-30
En aquel tiempo: Jesús iba enseñando por las ciudades y pueblos, mientras se dirigía a Jerusalén. Una persona le preguntó: «Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?» El respondió: «Tratad de entrar por la puerta estrecha, porque os aseguro que muchos querrán entrar y no lo conseguirán. En cuanto el dueño de casa se levante y cierre la puerta, vosotros, desde afuera, os pondréis a golpear la puerta, diciendo: "Señor, ábrenos" Y él les responderá: "No sé de dónde sois" Entonces comenzaréis a decir: "Hemos comido y bebido contigo, y tú enseñaste en nuestras plazas" Pero él os dirá: "No sé de dónde sois; ¡apartaos de mí todos los que hacéis el mal!" Allí habrá llantos y rechinar de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y vosotros seáis arrojados afuera. Y vendrán muchos de Oriente y de Occidente, del Norte y del Sur, a ocupar su lugar en el banquete del Reino de Dios. Hay algunos que son los últimos y serán los primeros, y hay otros que son los primeros y serán los últimos»


Sermón

        Es difícil por estos días abrir un diario sin que en alguna de sus páginas no figure la noticia de algún desorden promovido por estudiantes. Universitarios de luengos cabellos y barbados rostros. Secundarios de atiplada voz y granitos en la cara.

No seré yo, empero, quien vaya a escandalizarse por estos juveniles desarreglos, ni podré tampoco hipócritamente poner por ejemplo el comportamiento de mi propia generación, ni de la de mis abuelos. Los alborotos y tumultos universitarios existen desde que existen universidades. Famosos fueron los motines estudiantiles que se producían en la Edad Media en París, cuando incluso profesores franciscanos y dominicos competían entre sí a ver quién pegaba más garrotazos. Las juergas de los estudiantes en Praga, capital de Bohemia, hicieron que el adjetivo ‘bohemio' pasara a ser sinónimo de trasnochador y desordenado.

Nunca la juventud ha tolerado demasiado tiempo el yugo de la disciplina y del orden, sobre todo fuera de sus hogares y salvo ámbitos militares. Por otra parte, un poco como las travesuras de los niños, estas tropelías y perturbaciones pueden ser, de alguna manera, signo de vitalidad y salud.

Pero, una vez expuesta la parte atenuante, es preciso detenerse en aquello que, en todo esto, hay de excesivo y pernicioso. Porque la comparación con el pasado vale solo a medias. Los desórdenes solían ser más de farra y juerga que por motivos ideológicos. Eran como una válvula de escape esporádica a la fatigosa rutina de cursos agobiantes e intensos. No había más contusiones que algunos chichones y, en los peores casos, unas pocas horas de cepo o calabozo. Y las contadas veces que los tumultos obedecían a razones políticas o religiosas, entonces se hacían en serio jugándose en ello la vida y la carrera, porque se enfrentaban con una autoridad que era autoridad y un orden que no toleraba desmanes impunemente. Los estudiantes sabían distinguir entre la juerga y la francachela -que se hacían en broma- y la lucha noble por el pundonor o la justicia -que se hacía en serio-.

Hoy, frente a la impotencia de una sociedad caduca que no sabe o no quiere defenderse, dos o tres activistas instrumentan, sin mayores riesgos, el deseo de juerga y de vagancia de unos cuantos para introducir en la sociedad un foco permanente de subversión.

Porque aún se tiene vergüenza para decir sencillamente que uno no tiene ganas de estudiar y que, cuanto menos clases y menos exámenes y menos exigencias mejor. Y, entonces, se disfrazan estos deseos conscientes o inconscientes de vagancia, con grandes palabras: la justicia, la pedagogía, la lucha contra la opresión y el privilegio, la responsabilidad, la participación responsable en la gestión universitaria y otras naderías. Y así se matan dos pájaros de un tiro: por una parte se da curso a la pereza y a las ganas de no realizar esfuerzos; por el otro al deseo que se esconde en toda alma humana, sobre todo si es joven, de pugnar por algo grande.

Y, lo peor es que, detrás de la mayoría de los que se mueven sin pensar demasiado, impelidos por fáciles slogans de apariencia noble y altruista, se esconde el organizado y frio propósito de los que quieren erradicar definitivamente de la sociedad los pocos restos de cristianismo que aún resisten después de la demoledora obra que, desde hace cuatro siglos, vienen realizando los enemigos de la Iglesia y de la cristiandad.

Si. Cuatro siglos durante los cuales el cristianismo ha venido retrocediendo en la sociedad.

Y siempre con la misma táctica: presentar el camino más fácil detrás de una palabra altisonante de apariencia noble. Convencer a los hombres que sus debilidades son virtudes. Señalar siempre la solución engañadoramente fácil. Dar rienda suelta al vicio proponiéndolo como bueno. Plantear como reivindicación la conquista de una falsa y perniciosa libertad.

¿Y cómo no va, así, a progresar la subversión y el caos? Porque ¿a quién va Vd. a hacer caso? ¿quién le va a caer más simpático?: el político que le dice que la solución es que Vd. simplemente lo vote y él trasladará después el dinero de los ricos a sus bolsillos sin esfuerzo; y que si Vd. ahora es pobre es porque la sociedad lo explota y el de arriba le ha pisado la cabeza; o el político que afirme que para progresar hay que trabajar, disciplinarse, luchar con fatiga, ahorrar, invertir, sacrificarse, que no hay soluciones mágicas y que las leyes de la economía son tan inexorables como las leyes físicas o fisiológicas? ¿Con quién se va Vd. a confesar más seguido, con el sacerdote que le exija paternalmente el cumplimiento estricto del camino señalado por Dios o el que le excuse bonachonamente sus pecados todo sonrisas, y recomiende píldoras, y calle comprensivamente sobre sus relaciones prematrimoniales? ¿En qué cátedra prefiere dar examen: en la del profesor severo y exigente consciente de su responsabilidad, o en la del que despacha con dos o tres preguntas al alumno y aprueba a las alumnas según la calidad de sus pestañas postizas? ¿Qué elige Vd. ponerse a leer y activar su mente en la reflexión y el arte literario o mirar repantigado y pasivo el aparato de la televisión? Y, viendo televisión, ¿qué programa prefiere ver Vd.: aquel que lo obliga a reflexionar y adquirir cultura, o la tontería fácil llena de balas y de sexo y la locuacidad vacía del periodista de cara inteligente pero de frases ampulosas y figuritas repetidas?

¿Quién no va a elegir el camino más fácil, la solución menos ardua y más prometedora?

Antes, nadie se engañaba: todos sabían que el camino ancho y cómodo solía ser el menos eficaz y conducía al desastre. El que lo tomaba lo hacía por debilidad, con conciencia de faltar, y no siempre por ignorancia. Lo diabólico y trágico de la situación actual es que aplauden nuestras debilidades como conquistas, disfrazan el mal con la careta del bien, nos quieren convencer de que el camino liso y llano de la facilidad y la flaqueza puede hacernos hombres y felices. Amén de que siempre ha sido más facil destruir que construir.

Porque nunca se ha construido nada serio sin esfuerzo y sacrificio. Podremos obtener fácilmente, a fuerza de cuatros, el título de ingenieros; pero no seremos sino difícilmente buenos ingenieros. Podremos fácilmente a la menor dificultad cambiar de mujer y divorciarnos; pero no podremos sino con esfuerzo y sacrificio construir un hogar verdaderamente feliz y honesto. Podremos fácilmente mariposear y jugar con nuestras novias; pero difícilmente aprender a quererla y respetarla. Podemos fácilmente jugar a la canasta e ir al cine y dejar nuestros hijos que aprendan lo que quieran por las calles o la televisión; difícilmente y con sacrificios cumpliremos nuestra responsabilidad de padres y los educaremos como hombres y cristianos. Podremos fácilmente dar escape libre a nuestros apetitos más bajos y a nuestros egoísmos; dificultosamente adquiriremos el dominio de nosotros mismos y el amor abnegado a los demás. ¡Qué más queremos que encontrar alguien que nos aplauda y nos presente fáciles excusas para nuestras cobardías y que nos diga que todo lo fácil es bueno y lo difícil anticuado, obsoleto, reaccionario, medioeval!

Pero, aun a costa de quedarnos sin gente que se enorgullezca del nombre de católicos, la Iglesia -a pesar de la tentación desesperada ante la apostasía de las masas de hacer las cosas cada vez más fáciles a una humanidad debilitada y envilecida- no puede sino seguir predicando que el pecado sigue siendo pecado y que ser cristianos es difícil y que llevar ese nombre y dignidad es seguir a Cristo cargando la cruz.

Y, por eso, “esfuércense por entrar por la puerta difícil y estrecha. Porque cuando el dueño se levante y cierre la puerta y Vds. se quedan afuera y griten “ Señor, ábrenos, hemos bebido y comido contigo ” Él nos contestará: “ No los conozco. Aléjense de mí ”.

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