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Sermones deL TIEMPO DURANTE EL AÑO

Pbro. Gustavo E. PODESTÁ


Adviento

 

1990. Ciclo a

3º Domingo durante el año  
  

Lectura del santo Evangelio según san Mt 4, 12-23
Cuando Jesús se enteró de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea. Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaúm, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías:¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, país de la Transjordania, Galilea de las naciones! El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz. A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: «Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca» Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar porque eran pescadores. Entonces les dijo: «Síganme, y yo los haré pescadores de hombres» Inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron. Continuando su camino, vio a otros dos hermanos: a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca con Zebedeo, su padre, arreglando las redes; y Jesús los llamó. Inmediatamente, ellos dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron. Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias de la gente.

SERMÓN

 

     "¡Tierra de Zabulón y Neftalí!" Allí comienza su predicación Nuestro Señor en el Evangelio de Mateo que nos toca leer los domingos durante este año. Allí establecerá su centro de acción. Cafarnaúm, que será llamada 'su ciudad'. La región de Galilea, a la cual ya había profetizado Isaías, en la primera lectura escuchamos y que Mateo hoy cita, el privilegio de ser el lugar en donde finalmente Dios haría brillar la luz.

Profecía tanto más aventurada para Isaías por cuanto en su tiempo, en el momento que el profeta la pronunciaba, esta región -asentamiento de las tribus de Zabulón y Neftalí-, había caído en manos de los asirios, conducidos por su monarca Teglat Falasar III , que había deportado a sus habitantes y establecido allí colonias paganas, extranjeras.

Por ello, desde entonces, esa antigua porción de Israel había sido designada con el nombre de 'territorio' o 'distrito de paganos', en hebreo ' galil ha goim' . De allí, para simplificar, habían pasado a designarla ' el territorio ' o ' el distrito ' -e.d. galilea - como la llamaban despectivamente en tiempos de Jesús.

Pero, a pesar del bestial y sanguinario ejército asirio instalado en este territorio galileo, Isaías, siete siglos antes de Cristo no vacila en anunciar que, de esos mismos lugares arrasados, surgirá la salvación y, para eso, basa su fe no en el poder de los hombres sino en la fuerza de Dios. Es justamente a ella a la que hace alusión en su profecía cuando se refiere al ' día de Madián ' que, seguramente, en la lectura, les habrá pasado desapercibido. Así finaliza lo que escuchamos en ella: " el yugo que pesaba sobre él, todo eso lo has destrozado como el día de Madián "

Esto a Vds. no les dice nada. Pero sí les decía a los oyentes de Isaías. Porque la de Madián había sido una de las grandes gestas históricas del pueblo de Israel, cuatro siglos antes de Isaías, en la época de los llamados jueces, término con que se designaba a los caudillos como Jefté , Gedeón y Sansón , que se habían constituido en defensores de su pueblo antes de la monarquía.

Precisamente Madián o los madianitas, habían sido uno de los grandes enemigos de Israel. Beduinos emparentados con los árabes que habían invadido, en aquella época, los territorios de Zabulón y Neftalí, con tropas numerosísimas ( Jue 6, 1-6).

Contra ellas se levanta el caudillo Gedeón quien convoca a las armas a todos los hombres capaces de la región. Levanta un ejército, a decir de la Biblia, de más de treinta mil hombres. Pero es entonces cuando el legendario relato del capítulo séptimo del libro de los Jueces cuenta que interviene el Señor, Dios y le dice a Gedeón: " treinta mil hombres son demasiados para que yo ponga a Madián en tus manos. Van a decir que ellos mismos obtuvieron la victoria y no Yo ". Entonces Gedeón se dirigió a sus hombres y les dijo: " El que tenga miedo o tiemble que se vaya ". Se fueron veinte mil.

Pero el Señor Dios volvió a decirle: "todavía diez mil son demasiados". Entonces Gedeón, mandó a su gente que bajara al rio a tomar agua. La mayoría se puso en cuatro patas, como animales, en medio del fango y sorbiendo de la superficie. Pero trescientos quedaron erguidos, en cuclillas, como hombres, y con el cuenco de la palma de la mano se llevaron el agua a la boca.

Es solo a esos trescientos a los que elige el señor para el combate. Y ellos solos enfrentan a los invasores madianitas que -dice el relato eran, en el valle, "numerosos como langostas" y sus camellos "incontables, como la arena de las playas" y, por supuesto, los vencen, en las tierras de Zabulón y Neftalí, la posterior galilea ha goim territorio de los gentiles. Ese es el 'día de Madián' al cual se refiere, esperanzada, la profecía de Isaías.

Y a algo de eso alude el evangelio de hoy cuando, al mismo tiempo que se enciende en medio de la Galilea la luz del anuncio del Reino, el caudillo convoca a la batalla solo a un grupo de escogidos, solo aquellos capaces de escuchar su llamado e 'inmediatamente' -como insiste Mateo- dejar todo y seguirlo.

También nuestra patria, nuestra ciudad, es hoy en día una galilea ha goim , territorio de paganos, distrito invadido, depredado y saqueado de sus tradiciones cristianas. Infestado por las sectas, confundido por las ideologías, explotado por los políticos, extraviado por su dirigencia, estupiditizados por los mass media y por la falsa educación. Pobres ovejas sin pastores y sin jefes, sin cátedras y sin púlpitos, sin ideales y sin plata, parasitadas por burócratas y sindicalistas, por diputados y concejales, por empresarios ineficientes privados o del estado. Pobres juventudes sin héroes y sin ejemplo, educados en la moral infame de la farándula y del futbolista, del profesor marxista y del artista pornográfico, de ese grupo minúsculo que no se representa más que a sí mismo, pero que domina los medios de comunicación, el periodismo mercenario, la pseudo cultura del trolo y de la hetaira, la mezquina política del comité y de la sauna en el congreso.

A es e mundo en tinieblas de nuestra patria -tierra de Zabulón y Neftalí- Cristo nos convoca a la reconquista, a levantar la luz y la llama.

No necesita a demasiados. Probablemente a ninguna de los que estamos aquí y que quizá formamos parte de los veinte mil timoratos que Gedeón prescindió de sus tropas. O de los nueve mil setecientos que nos enfangamos en cuatro patas en el barro de nuestras componendas con Dios y con el diablo, con Cristo y con el mundo, en el servir a Dios y a Mamonna.

Dios llama solo a aquellos audaces capaces de seguirlo sin condiciones, inmediatamente. Dispuestos a enfrentar sin miedo a asirios y madianitas, y dispuestos a dominar sus pasiones y a rechazar los halagos del mundo, manejándolos libremente, usándolos, si es necesario, pero erguidos, como varones, recogiéndolos, como señores, en la palma de la mano.

Y ni siquiera trescientos. Solo con doce de esa clase de estirpe Jesucristo es capaz de reconquistar la patria galilea.

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