Sermones de LA SOLEMNIDAD DE LOS SANTOS
PEDRO Y PABLO, APÓSTOLES

Pbro. Gustavo E. PODESTÁ



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Stos Pedro y Pablo

1980

SERMÓN

Pedro y Pablo
Domingo 29 Junio 80

A pesar de que, durante las guerras civiles, Herodes , llamado luego el Grande, había apoyado a Marco Antonio contra Octaviano, cuando éste derrotó a aquel en Actium, supo proceder tan hábilmente que logró, lo mismo, conservar su trono. Se cuenta que se apresuró a navegar a Rodas, donde estaba Octaviano -Augusto- y arrodillándose delante de él, depuso su corona a sus pies pidiendo perdón. Augusto, conmovido, en un gesto magnífico, lo tomó de los brazos ayudándolo a ponerse en pie y le restituyó la corona.

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Batalla de Actium , 31 AC, Lorenzo A Castro , 1672

El asunto es que, desde entonces, Herodes se transformó en uno de los más fieles servidores de Roma y no desaprovechaba ocasión para rendir homenaje a sus emperadores. Era la único forma, por supuesto, de conservar el cetro.

Lo primero que hizo, para asegurar su poder, fue matar a todos aquellos que pudieran hacerle sombra, entre ellos y en primer lugar a su suegra Alejandra de sangre asmonea -medida inimitable, en nuestros días, para desdicha de muchos-, también, a su mujer Mariamme I, al marido de su hija Salomé y a otras decenas de personajes influyentes. Un buen muchacho como ven.

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Mariamne I , la Asmonea (+ 29 AC) segunda mujer de Herodes

Es el mismo Herodes de la matanza de los niños inocentes que narra Mateo. Espero que los que tengan problemas con su suegra o con su mujer o su yerno no hagan como el cura aquel que cuando, durante la Misa, oía a los niñitos chillar y moverse por la Iglesia, musitaba en voz baja: “San Herodes, ruega por nosotros”.

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Bien, digo que, después de todas esta gentiles materializaciones de en nosotros reprimidos impulsos, Herodes se dedicó, eliminada toda posible oposición, a construir, en su dominios, con esplendidez y derroche sustentados por gravosos impuestos a sus súbditos judíos, obras monumentales.

Pero sobre todo costeó el culto al emperador a quien debía su reino y que era obligatorio en todo el imperio. Para hacerse perdonar que este culto no se realizara en el Templo de Jerusalén, edificó, lo más lejos posible de la ciudad santa, muchos templos imperiales, teatros, hipódromos y hasta nuevas ciudades con los nombres de la familia imperial. Pero de ello no hemos de asombrarnos. Eso se hace todavía. Nosotros tuvimos ciudades, barrios, calles, estaciones y escuelas con los nombres de la pareja gobernante, no hace todavía tanto tiempo.

Así edificó Sebaste –Augusto en griego- y Cesaréa , sobre el Mediterráneo, apodando cuanto edificio construía con nombres imperiales. Por supuesto no resistió la tentación de la propia vanidad y, para él mismo, se hizo levantar la fortaleza Herodium . De enormes baluartes tuvo que sembrar toda Palestina, ya que –por los impuestos y por su origen extranjero- se lo odiaba tanto que, de otra manera, aún con el apoyo de Roma, no hubiera podido conserva el poder: Cipros , Alexandrium , Herodium , Hircania , Maqueronte –donde murió Juan Bautista-, Masadá.

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Ruinas de la fortaleza de Maqueronte

De sus diez mujeres legítimas sucesivas, benévolamente repudiadas o drásticamente eliminadas según su estado de ánimo, solo tres hijos heredaron su reino, repartiéndoselo: Arquelao, Herodes Antipas y Filipo. Arquelao , a quien había tocado Judea, Samaría e Idumea, fue tan perverso como su padre, pero menos astuto. No edificó ni denominó ninguna ciudad con nombres imperiales. Duró apenas cinco o seis años y fue desterrado a Francia.

Herodes Antipas , a quien habían tocado Galilea y Perea, fue más vivo: se edificó rápidamente una magnífica capital a la orilla del lago de Galilea y, en honor del emperador Tiberio, la llamó Tiberíades . Supo conservar, así, el gobierno cuarenta y dos largos años, hasta que, al final, el loco de Calígula lo desterró a Lyon.

Al tercero, Filipos , hijo de una de las últimas mujeres de Herodes, una tal Cleopatra de Jerusalén, le tocaron las peores partes: los territorios situados al este y al norte de lago de Galilea, los Iturea y Traconítide que menciona Lucas. Duró 37 años y hubiera podido durar más –murió en el ejercicio de su cargo- porque no solo fue un buen gobernante, sino que tuvo el tino de instalar su capital en Betsaida , cambiándole el nombre por el de Julias , e honor de la Hija de Augusto, Julia.

Al mismo tiempo, reedificó una antigua ciudad griega, Paneas o Baniyas , dándole el nombre de Cesaréa .

Como ya estaba la otra Cesaréa de su padre sobre el Mediterráneo, para distinguirlas, a una la llamaban Cesaréa Marítima y a ésta Cesaréa de Filipo

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Ruinas de Cesarea de Filipo

Aquí es donde se encuentra hoy Jesús con sus discípulos. Es una zona montañosa, rocosa, treinta kilómetro al norte del mar de Galilea. Funciona como límite con Siria.

El monte Hermón domina todo el panorama y, desde sus estribaciones y las del Líbano, surgen las fuentes del Jordán.

Cesaréa es casi una fortaleza. Está ubicada estratégicamente para contener el avance de los nabateos y los partos. Por eso se encuentra sobre una altura rocosa, en cuyo pináculo se eleva un hermoso templo -a Augusto, por supuesto- rodeado de solidísimas murallas.

Porque, es claro, cualquiera quiera edificar algo sólido habrá de hacerlo, -como indica Jesús en una de sus parábolas- no sobre arena, sino sobre roca. Y tanto las fortificaciones se hicieron en toda la antigüedad sobe roca que, todavía hoy, en Italia a las viejas fortalezas y castillos se les llama ‘ rocca' . Si Vds., por ejemplo, van a Asís y piden ir a visitar ‘ la Rocca' , los llevarán inmediatamente al castillo que está en la cima. En el ajedrez, cuando se cambian de lugar las torres por los alfiles, todavía se dice ‘enrocar', ‘enroque'.

Y es raro ver Jesús con sus discípulos tan al norte de sus lugares habituales. Quizá necesitaba ese paisaje, esas montañas peladas y enhiestas, esa estructura defensiva aparentemente inexpugnable construida por Filipo –y utilizada luego por las cruzadas- para dar fuerza y significado a lo que estaba por hacer.

A ese pobre pescador que tiene al lado –más bien inestable, ignorante, timorato, propenso tanto a la repentina euforia como al abatimiento- está por transformarlo. Se llama Simeón -o Simón , en griego-. Un galileo entre tantos. Un nombre entre tantos.

Jesús le va a cambiar el nombre. Pero el Señor hace mucho más que Herodes y sus hijos cuando trocan la denominación de una ciudad en honor de un emperador. Aquí no se trata de una cuestión de pleitesía o de humanos halagos. Aquí se trata del actuar del mismo Dios que, con su palabra omnipotente, ha creado todas las cosas. Como dice el Salmo, para significar que las crea: "ha llamado a las estrellas por su nombre ”.

El nombre es, para el hebreo, sinónimo, expresión, de la misma esencia de la persona o de la cosa. No se trata, ahora, de un apodo, de un sobrenombre. Ni siquiera le dice: "Tú te llamarás Roca ”, sino que le dice: "Simón, hijo de Jonás, yo te digo: Tu eres Roca ”.

"Dijo Dios: sea la luz (…) y hubo luz ” El paralelo es intencional: "Dijo Dios: sea la Luz ”. "Dijo Jesús: seas Roca ”.

 

perugino6.jpg Pietro Perugino (1482)

"Y hubo Roca ” - Kefas , Cefas , en hebreo y arameo-. Petros en griego que, por supuesto no existía como nombre propio, como ahora decimos Pedro, sino como nombre común significando –no piedra, que se diría ‘ lizos '- sino –masculinizado- roca, fortaleza. La traducción actual "Tu eres Pedro o piedra(o) ” debilita la fuerza del original: "Tu eres Roca ” –o mejor ‘ Roco' -, fortaleza, bastión, baluarte.

Y -por la palabra omnipotente de Cristo-, en cada uno de los simones que ocupan la cátedra de aquel a quien dio las llaves por vez primera- Roca, Fuerte, Ciudadela, es lo que tuvo y sigue teniendo la Iglesia hasta el fin de los tiempos.

Tal como dijo el mismo Jesús:

"Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa. Pero esta no se derrumbó, porque estaba construida sobre Roca ( Mt 7,.24-27)”

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