INICIO

Sermones deL TIEMPO DURANTE EL AÑO

Pbro. Gustavo E. PODESTÁ


Adviento

1990. Ciclo A

32º Domingo durante el año

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    25, 1-13
«Entonces el Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que, con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio. Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes. Las necias, en efecto, al tomar sus lámparas, no se proveyeron de aceite;  las prudentes, en cambio, junto con sus lámparas tomaron aceite en las alcuzas.  Como el novio tardara, se adormilaron todas y se durmieron.  Mas a media noche se oyó un grito: "¡Ya está aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!" Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: "Dadnos de vuestro aceite, que nuestras lámparas se apagan" Pero las prudentes replicaron: "No, no sea que no alcance para nosotras y para vosotras; es mejor que vayáis donde los vendedores y os lo compréis" Mientras iban a comprarlo, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de boda, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras vírgenes diciendo: "¡Señor, señor, ábrenos!" Pero él respondió: "En verdad os digo que no os conozco" Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora.

Sermón

Existe entre nosotros una generalizada mentalidad que consiste en confundir lo estatal con lo nacional. Cuando se habla de nacionalizar, inmediatamente se entiende estatizar. Como si solo el estado buscara los intereses nacionales y no las personas privadas o las sociedades intermedias, las familias, las empresas, los municipios, las asociaciones, los clubs. Como si los privados y los entes intermedios no pudieran tener intereses nacionalistas y, por el contrario, el estado no venderse al extranjero. La búsqueda de lo nacional depende no de la institución como tal, sino de la calidad ética de quienes la integran y de las leyes justas que las normen.

¿Quién podrá decir que por el hecho de ser un ministerio estatal -cumpliendo una de las funciones que esencialmente competen al Estado como son las Relaciones Exteriores- la gestión de la Cancillería bajo el cacofónico Caputo obedeció a intereses nacionales? ¿Quién podrá decir que la universidad estatal bajo Shuberof busca objetivos nacionales? Cuando el Estado no está fuertemente compensado en su poder por el derecho de las personas y de las sociedades intermedias, no solo muy fácilmente se convierte en la maquinaria despótica que anula la legítima libertad de las personas sino que fácilmente puede transformarse en una especie de ejército de ocupación al servicio de sus integrantes cuando no de interese foráneos. Peor aún en el pseudosistema democrático de la partitocracia en donde por los controles del poder estatal se pelea una clase famélica e inmoral que ha tenido tiempo para perder en las luchas estériles de comité y cuyo único objetivo es o llegar a los puestos que el Estado reparte en abundancia con su porción de mando y los beneficios económicos que ello implica o en los partidos más ideologizados, con la intención de corromper desde arriba las savias más esenciales de lo nacional.

El Estado solo debería ser el árbitro supremo que coordinaría los fines particulares de las personas y de las sociedades intermedias hacia el bien común cuando ellos entraran en colisión entre si y asumiera -respetando el principio de subsidiariedad- exclusivamente aquellas tareas de imposible realización a niveles intermedios o particulares -como lo postula el principio de subsidiariedad- y no el monstruo comunista que padecemos y que se inmiscuye arbitrariamente en toda actividad que el particular pretenda realizar.

Pero a ésta idea de la necesidad de un Estado fuerte se llega por una especie de abstracción en la cual el Estado de por Si sería una entidad altruista y deseosa del bien de los demás. Si eso podía entenderse de este modo en las monarquías cristianas anteriores al liberalismo, íntimamente convencidas por el evangelio de que la autoridad estaba al servicio del pueblo, eso de ninguna manera puede suponerse hoy. El Estado no es un ente abstracto: está integrado por individuos que han llegado a sus puestos de control, oficinas y prebendas -salvo contadas excepciones- con el más mínimo sentido de servicio y menos de ganas de trabajar. Que ya sabemos perfectamente para qué se busca un puestito en el Estado en la búsqueda de trabajo o un puestazo en la repartija del botín de la nación que son las elecciones.

Habría mucho de que hablar al respecto, pero quisiera atenerme a lo referente al evangelio de hoy. Alguno quisiera quizá que el predicador le diera una interpretación exclusivamente religiosa. Y quizá desde muchos púlpitos se intente hacer esto hablando de lo fariseos que somos a veces los cristianos, que aparentamos lo que no somos y exigimos de los demás cosas que nosotros no hacemos. Sin más que sería una piadosa reflexión, siempre necesaria, por otra parte, a partir de las palabras de nuestro Señor. Pero habría que decir que no se trataría de una interpretación exacta del pensamiento de Jesús. Porque, en realidad, al criticar a escribas y fariseos en este pasaje Jesucristo está criticando a los abogados y a los políticos de su época, que no otra cosa eran estos escribas y fariseos, no personajes religiosos.

Escribas o doctores de la ley, se les llama en el evangelio, exactamente la función de los abogados actuales. Hombres que se habían hecho absolutamente indispensables en el ambiente judío, dada la maraña de leyes con las cuales habían complicado poco a poco la primitiva legislación ya algo complicada del Pentateuco. Por supuesto que no tenían ningún interés en simplificar las cosas, porque de la maraña y complejidad de las leyes vivían. Pero resultaba sospechoso que los mismos encargados de interpretarlas fueran los que las fabricaban y cada vez en mayor abundancia, por que cuantas más leyes hubiera más necesarios se hacían estos abogados.

Es así que muy sabiamente cuando dos abogados provenientes de Brasil -es posible entonces que fueran judíos, porque Portugal y sus colonias eran su refugio después de su expulsión de España- cuando estos dos abogados pidieron en 1623 autorización para establecerse en Buenos Aires donde todavía no había ninguno, el cabildo de Buenos Aires, negó la autorización con este sabio considerando: "dado que entre los vecinos de esta noble ciudad no existen pleitos y debiendo necesariamente los abogados vivir de ellos, temiendo sean ellos mismos promotores de éstos para poder vivir, se les deniega la mencionada autorización".

Lamentablemente tan sabia decisión luego y no se cuando evidentemente fue levantada y los abogados se convirtieron en la peor peste del País. Y como son ellos los que hacen las leyes de las cuales y por las cuales viven, mientras fueron honestos y cristianos, pase, pero luego y ahora. ¿Qué legislador de los que tenemos, elevado al poder por el sistema perverso de la partitocracia, va a desmarañar las leyes que asfixian a la persona y a la nación si de esas leyes no solo viven como abogados sino que son esas regulaciones las que les permiten cobrar luego peaje para saltarlas?

¿Y qué decir de legislaciones laborales perversas que solo hacen a la riqueza de los sindicalistas y premio de los peores, pero que a la larga perjudican al trabajador común y, sobre todo, al que busca trabajo y no lo encuentra?

Allí los vemos pontificando sobre la honestidad, sobre los intereses populares, sobre la democracia, sobre los derechos del hombre, sobre la justicia social, sobre el ajuste, atando cargas sobre los privados imposibles de llevar en impuestos, regulaciones, controles y ellos no son capaces de mover esas cargas ni con un dedo, de viaje, en viaje, de asado en asado, de farra en farra, de coima en coima.

No: de ninguna manera el Estatismo es sinónimo de nacionalismo y mucho menos de honestidad, al contrario: tiene mucha más capacidad de hacer mal a la nación, y de corromper a sus gestores y de atraer corruptos e incapaces a sus puestos.

Si alguien creyera con esto que yo estoy defendiendo las privatizaciones actuales de esta ambigua menemtroika más ambigua que la perestroika de Gorbachov, muy equivocado estaría. No porque así y todo no sean mejores que el desastre anterior, sino porque no son lo que deben ser. Son los funcionarios del estado los que siguen siendo dueños del monopolio por más que lo transfieran por inmediatas conveniencias, pero no hay nada que impida que pueda volver a tenerlo. Por otra parte se transfieren monopolios, pero no se desregula nada, no hay competencia, no hay posibilidad al pequeño inversor o industrial de entrar en esas roscas que manojean muy productivamente para ellos: grandes funcionarios y grandes empresas. Esto no es para el sermón, sino para aclarar justamente que no me quiero meter en esas cosas. Estoy hablando en teoría, lo cual no quiere decir desconectado de la realidad.

Menú